Dobles raseros y la nueva economía del poder

Por qué las empresas globales deben volver a valorar las esferas de influencia

La premisa de la era posterior a la Guerra Fría era que la globalización reduciría gradualmente la importancia económica de las esferas de influencia. Capital, bienes, energía, datos y tecnología debían moverse cada vez más a través de sistemas basados en reglas. El riesgo político existía, pero a menudo se trataba como una excepción.

Esa premisa se está rompiendo.

La nueva economía mundial no se está desglobalizando simplemente. Se está volviendo más política, más condicional y más impulsada por la seguridad. Las empresas ya no operan solo en mercados. Operan dentro de zonas de poder superpuestas.

El problema central no es que las reglas hayan desaparecido. El problema es que las grandes potencias aplican las reglas de forma cada vez más selectiva.

El problema del doble rasero

Los gobiernos occidentales suelen describir las acciones de Rusia en Ucrania como política imperial de esfera de influencia. Esa descripción captura una parte de la realidad. Rusia sí reclama un papel especial de seguridad, histórico y político en Ucrania y en el espacio postsoviético más amplio.

Pero desde Moscú, Pekín, partes de América Latina, el Golfo, India, África y el Sur Global, la posición occidental parece menos limpia.

Estados Unidos también utiliza el lenguaje de la seguridad para justificar presión en su propio entorno estratégico. A principios de 2025, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio defendió públicamente el interés del presidente Trump en Groenlandia y el Canal de Panamá como intereses legítimos de seguridad nacional vinculados a la influencia china en el Ártico y América Latina. Desde Washington, eso es defensa estratégica. Desde Moscú, Pekín o partes del Sur Global, parece política de esfera de influencia con otro nombre. (apnews.com)

Los ejemplos de Groenlandia y Panamá no son idénticos a Ucrania. Pero muestran el problema central: las grandes potencias suelen describir su propio perímetro estratégico como seguridad, mientras describen el perímetro estratégico de sus rivales como imperialismo.

Esa percepción importa. Debilita la credibilidad del orden occidental basado en reglas, incluso entre Estados que no apoyan la invasión rusa de Ucrania.

El mensaje que se recibe fuera de Occidente es simple:

La esfera de influencia de Rusia se llama imperialismo. La esfera de influencia de Estados Unidos se llama seguridad.

Venezuela y el canal del poder financiero

Venezuela ofrece un ejemplo de largo recorrido de proyección de poder estadounidense sin conquista territorial formal.

Washington ha utilizado sanciones, restricciones financieras y presión legal para influir en resultados políticos y económicos en Venezuela. La Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de Estados Unidos declara que administra y aplica sanciones basadas en objetivos de política exterior y seguridad nacional de Estados Unidos contra determinados países, regímenes, personas y otras amenazas. (ofac.treasury.gov)

Este es un instrumento central de la nueva economía del poder: no siempre ocupación militar, sino control de acceso.

Acceso a dólares.
Acceso a sistemas de pago.
Acceso a seguros.
Acceso a bancos.
Acceso al transporte marítimo.
Acceso a tecnología.
Acceso a mercados legales.

Desde la perspectiva estadounidense, estos instrumentos son herramientas de seguridad nacional, política anticorrupción, lucha contra el narcotráfico o promoción democrática. Desde la perspectiva de potencias rivales, son pruebas de que el propio sistema financiero occidental es un arma geopolítica.

Por eso muchos Estados no occidentales intentan reducir su dependencia de las sanciones en dólares, de la infraestructura de pagos controlada por Occidente, de la jurisdicción estadounidense y de la dependencia unilateral de un solo bloque.

El regreso de la geografía estratégica

Para las empresas globales, esto no es una abstracción moral. Cambia las estructuras de costes, el acceso a mercados, los riesgos de cumplimiento normativo y las valoraciones.

Panamá importa porque el canal es un corredor logístico crítico. Groenlandia importa por el Ártico, las tierras raras, la geografía militar y el acceso al Atlántico Norte. Venezuela importa por el petróleo, las sanciones, la seguridad regional y la orientación latinoamericana. Ucrania importa por el acceso al Mar Negro, la agricultura, la energía, la producción de defensa, las fronteras de la OTAN y el perímetro occidental de seguridad de Rusia.

El viejo mapa de la globalización preguntaba:

¿Dónde es más barata la producción?

La nueva economía del poder pregunta:

  • ¿Quién controla el corredor?
  • ¿Quién puede sancionar el pago?
  • ¿Quién puede asegurar la carga?
  • ¿Quién posee el puerto?
  • ¿Quién controla los datos?
  • ¿Quién puede cortar chips, software o financiación?
  • ¿Qué bloque reclamará este activo en una crisis?

Es un cambio fundamental. La geografía política vuelve a ser un factor de coste.

La fragmentación se convierte en variable empresarial

El FMI advierte que la fragmentación geoeconómica puede imponer costes elevados a la economía mundial. En escenarios severos, las pérdidas globales de producción a largo plazo podrían alcanzar alrededor del 7 %, con pérdidas aún mayores para algunos países especialmente vulnerables. (imf.org)

UN Trade and Development describe 2026 como un entorno comercial más complejo y fragmentado, marcado por tensiones geopolíticas, cadenas de suministro cambiantes, transición digital y verde, y regulaciones nacionales más estrictas. También señala que los controles a la exportación y la acumulación de inventarios estrechan la oferta y fragmentan las cadenas de valor. (unctad.org)

El World Trade Report de la OMC aboga por la “reglobalización” en lugar de la fragmentación, precisamente porque la fragmentación amenaza la seguridad, la inclusión y la sostenibilidad. (wto.org)

Las empresas se enfrentan ahora a un mundo de restricciones superpuestas:

  • sanciones y contrasanciones,
  • controles a la exportación,
  • restricciones de doble uso,
  • localización de datos,
  • normas de seguridad energética,
  • diversificación forzada de cadenas de suministro,
  • volatilidad en seguros marítimos,
  • mayores inventarios,
  • friendshoring y nearshoring,
  • normas de contenido local,
  • estructuras de propiedad políticamente sensibles.

Esto no termina con la globalización. La encarece.

Las empresas más expuestas son aquellas con producción concentrada en un solo país, tecnología políticamente sensible, alto consumo energético, financiación transfronteriza compleja o dependencia de cuellos de botella. Las empresas más resistentes son aquellas con cadenas de suministro multihub, poder de fijación de precios, sistemas sólidos de cumplimiento, acceso energético diversificado y capacidad de operar entre bloques políticos sin convertirse en rehén de uno solo.

El nuevo foso defensivo empresarial

En el viejo ciclo, los fosos defensivos más fuertes de una empresa eran marca, escala, efectos de red, propiedad intelectual y ventaja de costes.

En el nuevo ciclo, esos factores siguen siendo importantes. Pero emerge un nuevo foso defensivo:

supervivencia geopolítica.

Incluye:

  • redundancia en cadenas de suministro,
  • opcionalidad jurisdiccional,
  • seguridad energética,
  • resiliencia frente a controles de exportación,
  • capacidad de cumplimiento normativo,
  • legitimidad política local,
  • acceso a infraestructura estratégica,
  • y fortaleza de balance.

Una empresa de semiconductores ya no es solo una empresa tecnológica. Es un activo de seguridad nacional.

Un exportador de GNL ya no es solo una empresa energética. Es un asignador geopolítico de moléculas.

Una empresa de defensa ya no es solo un contratista. Es parte de una base industrial soberana.

Un operador de centros de datos ya no es solo un activo inmobiliario o de infraestructura cloud. Es una plataforma de electricidad, refrigeración, chips, red y seguridad.

Un operador portuario ya no es solo un activo logístico. Es un punto de control geopolítico.

Qué deberían valorar los inversores

El mercado suele valorar crecimiento, márgenes y balances. Ahora también debe valorar riesgo de alineamiento político.

1. Exposición a bloques
¿Está la empresa demasiado expuesta a un bloque político, un cuello de botella o un régimen de sanciones?

2. Exposición energética
¿Tiene la empresa acceso a electricidad, gas, GNL, agua y refrigeración fiables y asequibles?

3. Opcionalidad de la cadena de suministro
¿Puede trasladarse la producción entre Estados Unidos, Europa, México, India, ASEAN, Japón, Corea, el Golfo o América Latina?

4. Fortaleza de cumplimiento normativo
¿Puede la empresa sobrevivir a sanciones más estrictas, controles de exportación y normas de uso final?

5. Relevancia estratégica
¿Es probable que la empresa sea protegida, subvencionada o atacada por gobiernos?

6. Riesgo narrativo
¿Depende la empresa de una narrativa política que podría cambiar tras unas elecciones?

Ganadores y perdedores

Potenciales ganadores de la nueva economía del poder:

  • defensa y sistemas de defensa aérea,
  • drones, sensores, ciberseguridad e ISR,
  • semiconductores e infraestructura de IA,
  • infraestructura de GNL y seguridad energética,
  • redes eléctricas y electrificación,
  • gases industriales e insumos críticos,
  • automatización y robótica,
  • empresas logísticas con redundancia estratégica,
  • empresas globales de calidad con poder de fijación de precios.

Potenciales perdedores:

  • productores intensivos en energía sin poder de fijación de precios,
  • empresas dependientes de un corredor de suministro frágil,
  • compañías expuestas a jurisdicciones sancionables,
  • modelos de negocio intensivos en capital y muy endeudados,
  • cíclicas europeas sin poder global de fijación de precios,
  • empresas cuyo crecimiento presupone relaciones estables entre Estados Unidos, China y la UE.

Conclusión de Gridizer

El mundo no vuelve a una globalización limpia. Se mueve hacia una economía del poder en la que acceso a mercados, energía, logística, financiación y tecnología se filtran a través de esferas de influencia.

Occidente sigue hablando el lenguaje de las reglas. Rusia, China y grandes partes del Sur Global ven cada vez más aplicación selectiva. Esa percepción se convierte en una variable de mercado.

Para los inversores, la lección es directa:

No valorar solo beneficios. Valorar soberanía. Valorar corredores. Valorar acceso energético. Valorar sanciones. Valorar legitimidad política.

El nuevo foso defensivo es la supervivencia geopolítica.